" si el artista es un estratega, pocos elementos habrá tan cargados de vigorosas connotaciones para ofrecerle recuros con los cuales consolidar su ofensiva metafórica como el atávico laberinto. Con sus falsas simetría, su hipnótica estructura concéntrica, sus mitos, ritos y magias invocados en tanta literatura, y una antigua presencia que palpita en nosotros con su oscura potencia simbólica. el laberinto es un elemento de gran intensidad alegórica que ejerce instantánea e invariablemente una poderosa fascinación. Precisamente, una de las virtudes que exhibe Ana María Daskal es no haberse dejado encandilar fácilemnte por ese inmediato hechizo. Su apelación, su utilización y aprovechamiento del laberinto como centro de gravedad y eje temático-conceptual de esta nueva serie de trabajos nunca es cómoda, obvia ni excluyente, pero sí extraordinariamente productiva y a la vez exhibe una sobriedad de rasgos tan nítida y precisa como aquella que sólo puede derivar de la distancia crítica que un artista tiene respecto de sus materiales imaginarios.
Con una suma de instancias gráficas, escriturales y objetuales que despliega con eficacia y agudeza, Ana M. Daskal no se limita a usufructuar obsesivamente una iconografía por demás elocuente, más bien la reelabora a través de un dinámico entretejido contrapuntístico para que el espectador extraiga de él múltiples y sugerentes asociaciones entre las cuales podrá perderse, como en un laberinto, aunque en este caso encontrando siempre una luminosa salida.
...es mejor eludir la tentación de continuar enumerando sus fértiles alusiones para dejarse llevar por el aire de jocunda inventiva, de "obra abierta" y de un cierto espíritu burlón siempre al acecho, que se respira en toda la extensión de la muestra y sacar provecho de la insinuante palpitación de sus piezas. Desde su evidente propósito de extraer de las paradojas laberínticas adecuadas metáforas para tematizar, quizás su propia "poética del espacio", su personal discurso indirecto sobre las eternas cuestiones del derrotero individual y del destino, Ana María Daskal ingresa al laberinto en tanto idea-madre, para buscar o bien simular que busca, un centro, desafiando las trampas de los callejones sin salida y con la inquietante sospecha de que la meta es el camino."
Eduardo Stupía
Buenos Aires